"El verdadero artista siempre debe decir algo a través de su obra
y tiene que luchar constantemente contra la mediocridad, la incomprensión
mayoritaria y la discriminación.
Su obra nunca será válida, si solamente contiene un muestrario
de recursos técnicos, sin tomar en cuenta a la expresión.
En un tiempo en que todo se masifica y en que los valores espirituales fueron
olvidados, el artista conservará siempre esa llama encendida que
mantendrá viviente las emociones profundas, los sentimientos humanos y
la infinita grandeza Jehová.
Nuestro tiempo mercantilista y carente de bases espirituales desafía al
artista a que éste guarde su integridad espiritual para no ser un
elemento más de la contracultura vigente.
Es menester que todos los que elegimos el camino de las artes para expresarnos,
comprendamos que nuestra tarea se valora muy poco en pro de la síntesis
humana y el exitismo, pero bien vale la pena."