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Reflexiones de un artista
Prólogo
El 14 de septiembre de 2000 cumplí 40 años de edad y 37
de contacto con las artes. En ese lapso de tiempo tuve variadas vivencias
de diversa intensidad que me impulsaron a hacerme planteos y
preguntas sobre diferentes aspectos relacionados con las artes
y la estética.
En un tiempo en que la confusión rige indistintamente
muchas realidades de la vida cotidiana, traté de buscar
las respuestas a mis preguntas. Siempre tuve inquietudes de
diversa índole; pero en este volumen me remitiré
a las artísticas. Este libro, que decidí escribir
en los comienzos de un nuevo siglo y de un nuevo milenio, no
pretende tener la verdad absoluta sobre los planteos expuestos.
Simplemente, escribo las reflexiones que hice y las respuestas
a las que arribé.
El artista de hoy tiene que convivir con realidades muy distintas
que el artistas de los siglos XVIII y XIX por ejemplo. La economía
las estadísticas de venta, la globalización, el
mercado publicitario, la discografía y las grabaciones
y reproducciones fotográficas de dibujos y pinturas realizadas
mediante la computación, eran elementos y cuestiones
con que ni soñaba enfrentarse un artista de otro tiempo.
Otro problema es la creciente ignorancia voluntaria de los públicos
artísticos, y la carencia de mensajes por parte de los
supuestos artistas, que muchas veces no tienen nada que decir,
dándole a la gente un muestrario de recursos técnicos
sin ningún valor estético.
También quieren suplantar a la expresión, y muchas veces a sus
carencias técnicas con extravagancias supuestamente intelectuales, que
confunden y ahuyentan a la gente que se acerca a la cultura.
Con referencia a la cultura, desde hace tiempo los gobiernos
se han desentendido en cuanto a su difusión popular.
Con el fin de la primera guerra mundial en 1918, se han politizado
casi todos los aspectos de la vida: el trabajo, la salud, la
educación, la cultura, etc. Se crearon ministerios y
secretarías para atender estas y otras necesidades básicas
de la gente, pero lejos de lograrlo se crearon planes muy bien
estructurados para nivelar hacia abajo la vida de las personas,
y aparecieron techos educativos, laborales, alimenticios y culturales
en un nivel progresivamente descendente.
Las artes, como parte importantísima del ámbito
cultural, se vieron afectadas en su nivel de práctica,
enseñanza y comprensión. Una ideología
de masificación y supuesta socialización de las
artes contribuyó a bajar el nivel creativo, a crear conflictos
entre los creadores y el público, y a sobredimensionar
la figura del intérprete, en el caso de la música,
el ballet y el teatro.
Por esta y otras causas, surgió un injustificado acostumbramiento
a lo tradicional y un rechazo por demás ilógico
a las nuevas creaciones. Es verdad que con el transcurso del
siglo XX, la vida cotidiana se fue complicando cada vez más.
Pero esto no justifica la apatía y pasividad de la gente
respecto de nuevas obras muy inspiradas que contienen un mensaje
trascendente.
Sucede que se debe seleccionar al verdadero creador y separarlo
del falso. Como queda dicho, existieron y existen grandes esfuerzos
por esquematizar al artista en su faceta creativa. Por otro
lado la publicidad de lo tradicional, también contribuyó
al desamparo de los creadores y a la glorificación de
los intérpretes.
Es inconcebible que la música se divida en divertida y aburrida, que
las artes plásticas sirvan para adornar recintos o departamentos,
que la poesía sea sólo cosa de enamorados, o que
un cuento se lo asocie a lo infantil. En realidad se propagó
con insistente cuidado, la idea de que el arte es un pasatiempo,
tanto en su consumo como en su práctica.
De esta manera, profesiones como un doctorado en ciencias económicas
o en leyes son mucho mejor consideradas que cualquier rama artística.
Así, en los principios del tercer milenio de la era común,
hay compositores de fin de semana, pintores de fin de semana,
escritores de fin de semana y poetas de ocasión, (cuando
se rompe un noviazgo, cuando se muere un ser querido, o cuando
se celebra una importante fecha familiar). Parece que en ocasiones
como esas, proliferan los poetas que escriben “en el nombre
de la vocación frustrada o de su repentino descubrimiento”.
Nadie se opone a que se haga música, se cultiven las
artes plásticas o se escriba pero cada cosa debe estar
en su lugar. Un artista aficionado no tiene derecho a arruinar
los oídos o la vista de nadie, presentándose como
un profesional. El aficionado o diletante debería tener
conciencia de su situación, mostrando lo que hace a sus
amigos y familiares en reuniones de entre casa.
Lo que digo suena muy duro, sobre todo cuando se echan por tierra
muchas fantasías personales, pero es una realidad. Sin
embargo es mucho más terrible creerse algo que no se
es y tergiversar el verdadero nivel de las artes, condenando
a sus máximos cultores que trabajan seriamente en ellas,
con mucho esfuerzo y sacrificio, a una posición casi
marginal en la sociedad rayana en la vagancia o la perdida de
tiempo.
Es triste encontrarse con personas que durante la semana atienden
una farmacia , trabajan en un banco o en un estudio jurídico
y en los ratos libres pintan , cantan , o escriben , queriendo luego
mostrar públicamente lo que hacen, pasando por artistas profesionales
cuando realmente no lo son. La práctica de las artes
implica dedicación, estudio constante y en el caso de
los creadores, imaginación y elaboración de las
ideas. También el cultor de una rama artística
debe conocer aspectos de otras ramas del arte ,el entorno histórico,
filosófico y hasta teológico de los diferentes
movimientos estéticos. Por lo tanto no se puede decir que alguien es
concertista de piano, cuando sólamente ha tocado en reuniones caseras
o en algún acto barrial.
Estoy conciente de que a esta altura de las cosas, muchos pueden
pensar que soy soberbio, pedante y poco comprensivo. Pero ocurre
que por mi parte, pensé que había llegado el momento
de hablar claro. Usted, que me acusa de todo eso, pregúntese,
¿no han sido el arte y los artistas lo suficientemente
maltratados a lo largo de la historia, como para seguir tolerando
nuevos escarnios?¿No han sido el arte y los artistas
utilizados caprichosamente para entretener a los cortesanos
de turno y a las “altas sociedades”, como para seguir
aceptando esa situación como si fuera un comportamiento
histórico ineludible?
Actualmente, muchos gobiernos y personas se desgarran las vestiduras
haciendo homenajes y declamando discursos por el padecimiento
de los artistas del pasado, pero siguen maltratando a los artistas
del presente. La falta de atención y de apoyo económico,
la indiferencia y el rebajamiento del concepto de artista son algunos de los
malos tratos que recibimos los artistas. La postergación constante,
las promesas incumplidas, los círculos cerrados, la falta
de propuestas artísticas serias y la simplificación
del concepto artístico, desaniman a quienes tenemos algo
que decir mediante la música, la palabra o el pincel.
El mundo de hoy camina sobre ilusiones y fantasías de
toda clase. La economía, el protagonismo personal, la
política y el sexo están basados mayormente en sueños
surrealistas. Se sueña con más dinero del que circula. Se sueña
con el protagonismo a través de la apariencia externa y la posición
social. Se sueña con el sexo virtual mediante la internet y las publicaciones
pornográficas. Se sueña con entablar relaciones humanas a
través de un correo electrónico. Y también se sueña
con ser un gran artista sin tener el talento o la genialidad para serlo.
Sin embargo alguien podría preguntar : ¿ no compusieron
los grandes autores musicales, partituras para ejecutantes o
cantantes aficionados y de mediano talento?¿ No se hicieron
grandes óperas y obras teatrales de valor artístico
incalculable, para el entretenimiento cortesano? Sí;
es verdad. Pero los compositores y autores no pensaban en la
mediocridad de sus dedicatarios, ni en la diversión de
las cortes a la hora de escribir. De ser así muchos de
ellos no hubieran recibido severas reprimendas, reprobaciones
humillantes y acusaciones infundadas por parte de los destinatarios
de sus obras. Tampoco pintores y escultores pensaron en adornar
una capilla o una sala de la corte en el momento de trabajar
y consumar sus obras. Como testimonio de lo antedicho vale recordar
que a la música de Bach se la consideraba aburrida; a
algunos de los “divertimenti” de Mozart se los tachaba
de lúgubres; y a Moliére se lo fustigó
por el contenido crítico de sus comedias que servían
para divertir a Luis XIV y su corte.
Los artistas mayormente pensaban en el mensaje que necesitaban
transmitir; de lo contrario, nos hallaríamos ante un
arte pequeño y muy cercano a la artesanía barata.
Siempre existieron personas que realizaron obras para el consumo
masivo; pero no se los puede considerar como artistas. En el
mejor de los casos son profesionales eficaces que cumplen muy
bien su trabajo y nada más.
Se escribieron muchos libros sobre arte y artistas, de modo
que hay abundante información sobre el tema. No obstante,
hay varias preguntas y planteos que se hicieron a través
de la historia sin respuestas definitivas . A continuación
trataré de explicar lo que pienso sobre estas cosas. Quiero recalcar
que lo que seguidamente expondré, no pretende ser una
verdad inapelable, sino que es producto de un conjunto de reflexiones
y vivencias personales.
Capítulo I
La Misión del Artista
En alguna gran ciudad se eleva majestuoso
el edificio de una sala de conciertos. La gente espera con ansiedad
la presencia del solista en el escenario. A su entrada lo reciben
con un aplauso y un repentino silencio casi ritual precede al
concierto. Las ejecuciones y los aplausos se suceden, hasta
que la última obra del recital da lugar a una estremecedora
ovación acompañada de gritos delirantes y lágrimas
de aprobación. Luego los bises y más aplausos.
Finalizado el concierto, todos requieren al artista para saludarlo
y pedirle autógrafos. La gente compite a ver quién
dice la felicitación “más sabia”y
la opinión “más espiritual”. Lo que
nadie sabe es que el solista atraviesa por un delicado momento
económico. No obstante, por alguna razón, la gente
después se entera; pero el concierto ya pasó.
También pasaron las emociones transitorias, los aplausos
y los gritos delirantes. Ahora la gente se limita a compadecer
a la distancia al artista, y algunos ni siquiera eso. Ya no
se acercan a él porque es “problemático” y
nadie le da una palabra de aliento. El espectáculo ya
pasó y nadie quiere tener problemas.
En una importante galería de arte de otra gran ciudad,
se realiza entre vivas y aplausos la entrega de premios de un
concurso de artes plásticas . Entre los premiados y diplomados
hay alguien que también pasa por un mal momento.
Su familia es totalmente indiferente a las artes. No solamente
que no le acompañaron a la recepción de los premios,
sino que al llegar a su casa le recibieron con gran apatía.
Como si esto fuera poco, apenas llegó con el dinero justo
para pagar el marco de su obra premiada y tuvo que aguantar
la celosa y competidora mirada de sus colegas en el barnisage.
Tomando en cuenta que los concursos están mayormente
acomodados, había ganado su premio en buena ley, pese
a la suspicacia de los demás concursantes.
En otra ciudad, un escritor ha concluido una novela de gran
valor literario, después de un arduo trabajo e investigaciones
sin tregua. Sin embargo no puede imprimirla por los costos que
le impone la editorial. Encima, las ganancias para él
serían muy pobres.
Escenas como estas son muy normales pero nadie las sabe. En
nuestro tiempo parece que la práctica de las artes debe
estar unida necesariamente a la tenencia de dinero. Esta injusta
forma de medir las cosas está regida por valores equivocados:
el consumismos, el mercado y la idea de que el arte es un lujoso
pasatiempo de personas que “no tienen otra cosa importante
que hacer y no producen nada útil”.
La apatía, la desilusión y el menoscabo de los
espacios culturales desaniman a los artistas verdadero. En estos
momentos, la entrada en alguno de estos espacios, está
determinada por la tenencia de poder, dinero y “amigos”.
Estas condiciones espurias para aspirar a un ámbito cultural,
no van de la mano con la única condición necesaria
para dicha aspiración: el talento o la genialidad.
En la actualidad, la misión del artista está devaluada
por causas que en muchos casos nada tienen que ver con el arte.
Esas causas se instalaron progresivamente en la sociedad , sobre
todo a partir de la primera guerra mundial. Se concibieron
estereotipos del artista que contribuyeron a rebajar su tarea
y falsificar su imagen. En un principio, esos estereotipos se
dieron en forma escrita y luego mediante el cine.
Básicamente consistían en representar mal la personalidad
y la labor de un artista. Se asociaron ideas preconcebidas a
las prácticas del arte. Aparecieron biografías
de músicos, escritores y pintores, escritas en un tono
declamatorio y seudo poético, en las que se enfatizaban
la anécdota y la imagen inmaculada del artista tratado.
Autores como Romain Rolland, Emil Ludwig y Miguel de Raudeledique
, son claros ejemplos de esa clase de biografías. Sus
personajes dan la idea de que los artistas son etéreos,
están en otro mundo y no padecen las miserias cotidianas
de la tierra. Siempre viven una eterna languidez o poseen un
carácter neurótico y anormal que sólo se
calma con su arte.
Es imposible desconocer el momento histórico en que aparecieron
estos biógrafos. Debemos comprender que tenían
una formación muy propia de fines del siglo XIX. Esa
postura post-romántica y decadente de la desgastada expresión
finisecular, se reflejó en sus biografías tanto
artísticas como de otros personajes históricos.
Sin embargo hay que reconocer que esas biografías rayanas
en lo novelesco y en el panegírico, dieron una imagen
bastarda de los artistas. Con la aparición de la radiofonía
y el cine esas imágenes se masificaron mediante radionovelas,
espacios literarios y películas.
Así, la poesía era sólo cosa de enamorados.
Inexplicablemente, se asoció la lírica poética
al amor romántico. Se suponía que la poesía
no era tal si no hablaba de amor; cuando importantes poetas
habían tocado una gran variedad de temas. Por citar un
ejemplo , los poemas medioevales que constituyen la serie “El
cuerno mágico de la juventud” toca temas como la naturaleza,
la muerte, la aparición de espectros, la religión, los sentimientos
negativos y otros, además del amor.
De esta suerte, el poeta del siglo XX estaba condenado a escribir
poemas amorosos y a llevar una existencia bohemia, idea extractada
de “Escenas de la vida bohemia” de Murger. Gracias
a Dios, los verdaderos poetas como García Lorca, Borges,
Whitman y tantos otros no siguieron el esquema prefijado por
la falsa ideología dada sobre los poetas.
Otro tanto ocurrió con la novela. Se la quiso asociar
a la constante presencia de amores desencontrados, prohibidos
o de triángulos amorosos inconciliables, y de hazañas
heroicas. Este género literario tan maltratado e insultado,
fue utilizado por geniales escritores para tratar temas muy
diferentes. Sin ir más lejos “Los Miserables”
de Victor Hugo, habla como su título lo indica, sobre
las miserias humanas de toda índole y de temas tan disímiles
como las cloacas y alcantarillas de París, la batalla
de Waterloo, el reinado de Luis Felipe de Orleáns y las
diversas razones políticas que determinaron las frecuentes
revueltas de los comuneros que comenzaron en 1830 y concluyeron
con la revolución de 1848. Para que nadie me tilde de
anacrónico citaré dos ejemplos de la novela en
pleno siglo XX : “El nombre de la rosa” de Humberto
Eco y “La montaña mágica” de Thomas
Mann.
La idea que se dio sobre el cuento también fue tergiversada.
Normalmente, al cuento se lo asocia con un género infantil
o en el mejor de los casos, a la temática del terror
y la leyenda. Incluso los cuentos infantiles desde Perrault
a Andersen, han sido diluidos en versiones cinematográficas
y en publicaciones “actualizadas”. De acuerdo al
contenido de los cuentos de los autores citados y otros más,
surge la duda: o los niños de esos tiempos eran muy maduros,
o los cuentos no eran tan infantiles, o los niños actuales son muy primitivos.
De otro modo, no serían “necesarias”
las adaptaciones simplistas y adulteradas que sufren cuentos
como “La cenicienta”, “La sirenita”
o “ Pinocho”.
El concepto de que lo chicos de hoy saben mucho y son despiertos
por el solo hecho de manejar una computadora o hablar de sexo
como si fueran adultos es ridículo, cuando no comprenden
el contenido de una fábula de Esopo o de Lafontaine.
Menos aún pueden hablar de las complejidades que presenta
la vida.
Retornando al cuento, es muy rico y variado en diversos temas,
muchos de ellos opuestos entre sí. Si tomamos por ejemplo
la narrativa de Wilde, Chesterton, Poe o Borges, veremos que
sus obras abarcan una temática múltiple y rica.
Es particular el caso de Edgar Alan Poe. Se lo ha sellado como
autor de cuentos de terror. Eso sería lo mismo que catalogar
a Esopo como autor de obras infantiles. Si bien en Poe la constante
presencia de elementos terroríficos es innegable y en
Esopo los animales hablan, ambos tratan temas tan opuestos como
la dualidad personal, la práctica del arte, los sentimientos,
los afectos, etc. No debemos olvidar que cuando se estrenó
la primera sinfonía de Beethoven en 1800, el compositor
fue advertido por gente cercana a las autoridades imperiales
austriacas, porque la obra tenía demasiados toques de
trompeta y eso podía dar lugar a pensamientos de sublevación
popular. Esta circunstancia y otras más sellaron a Beethoven
como un compositor políticamente revolucionario, sin
tomar en cuenta que su revolución fue artística
y no ideológica más allá de sus simpatías
hacia un régimen libertario.
¿ Que diré entonces de las artes plásticas?
Desde hace un tiempo obras de esta clase son consideradas como
piezas ornamentales para un edificio, casa o departamento. Los cuadros
que muestran paisajes simplistas o escenas bucólicas
lavadas y las estatuillas de mediocre expresión están
a la orden del día en las ventas. La gente no aprecia
el verdadero contenido estético y el mensaje que transmiten
los cuadros y esculturas de envergadura. Sólo quieren
ver lo cotidiano y lo tangible, valorando a las artes plásticas
por la exactitud de lo que se representa. Lo que les interesa
es si la vaquita es copia fiel de las que se ven en vivo, o
si el alambrado de un campo es igual al que vieron por la ruta
cuando iban de vacaciones.
En suma, la mayoría de la gente está lo suficientemente
embotada, como para no distinguir el valor verdadero de una
obra de arte, de la chabacanería expuesta diariamente
en los medios de comunicación y en los negocios a la
que también llaman música, literatura o bellas
artes. En parte este embotamiento es voluntario y en parte está
provocado por el sistema de vida y las ideologías de
la contracultura, planificadas cuidadosamente por las centrales
de inteligencia mundiales que las digitan y las propagan. Volveré
a hablar sobre este tema en otro capítulo porque merece
un tratamiento especial.
En definitiva, la ignorancia de la gente es en parte provocada
por las ideologías de la contra cultura y en parte es
voluntaria. Es cierto que muchas personas no tuvieron la oportunidad
de familiarizarse con el mundo de las artes por diversas circunstancias.
Pero también es cierto que cuando se muestra la verdadera
imagen de un artista y los valores de su obra, mucha gente no
quiere reaccionar, excusándose en opiniones generalizadas
y aceptadas, y en un letargo mental y sensitivo que les impide
comprender y aprehender algo que va más allá de
lo obvio. Esa gente no quiere esforzarse en concentrar su mente
y sensibilidad en un mensaje estético profundo , que
muchas veces está lejos de lo accesible. Hay personas
en gran cantidad, que son capaces de ver las noticias y películas
más horrendas y violentas, pero detestan las pinturas
de Picasso o de Kandinsky. Aguantan las estridencias de la música
actual y gustan de musiquitas sin contenido, pero una obra de
Schönberg o de Strawinsky les resulta inaudible. Leen un
poema de calendario y su sensibilidad más primaria se
conmueve, pero una poesía de Borges es ininteligible
y pedante. Debe ser que no se quieren ver las miserias internas
más profundas de la humanidad, pero se toleran las miserias
externas. Eso sí; esa misma gente se regodea cuando va
a un concierto y a la ópera y pretende oír “
lindas y atrayentes melodías”; cuando lee una novela
quiere vértigo y rapidez pero no reflexión, comentando
entre sí con voces gangosas el contenido de algo sin
contenido; y cuando se va a una exposición es para ver
“ cuadros lindos”, fiel representación de
fotografías y objetos que se ven diariamente. Ante todo
esto, el artista necesita expresarse y cumplir su cometido.
Actualmente se juega mucho con las ilusiones y las expectativas
de los artistas mediante las acciones de ciertos personajes
que lucran con ellos. Este “trabajo” lo hacen por
ejemplo, ciertas editoriales fantasmagóricas que organizan
concursos literarios, especulando con escritores inéditos,
quienes a partir de bases arbitrarias, prácticamente
son obligados a pagarse los premios. También, ciertos
galeristas “ organizan” exposiciones en el exterior,
mediante catálogos que el artista debe pagar. La realización
de esas exposiciones es incomprobable. El fraude con los artistas
también se extiende a la música. Por experiencia
propia y con toda autoridad, puedo decir que la inmensa mayoría
de los certámenes de ejecución y composición
musical, están completamente digitados.
De esta manera, muchos jóvenes artistas son defraudados, y si no
tienen una gran personalidad y perseverancia, podrían sentirse
impulsados a dejar de creer en su tarea y abandonar la exposición
pública de sus trabajos.
En un tiempo como el de hoy, tecnológicamente muy avanzado,
se pueden realizar una infinidad de fraudes artísticos.
Grabaciones pinchadas en las que parece que el intérprete
escuchado es infalible, fotografías digitales que hacen
pasar cuadros sin valor artístico por obras de arte y
poemas huecos bellamente ilustrados por poesías de gran
alcance literario, son algunas de las formas con que se elabora
el fraude artístico.
De modo que cuando el consumidor final de arte escucha al interprete
en vivo, cuyas grabaciones en estudio fueron corregidas y publicitadas
tantas veces, es posible que se desilusione. Sucede que el consumidor
final ignoraba que escuchaba un producto falso. De igual manera
ocurre con las fotografías digitales de los cuadros.
Cuando aparece un potencial comprador o simplemente cuando se
asiste a la exposición real de cuadros vistos en fotografías,
posiblemente, se tropiece con la dura realidad de que le mostraron
una porquería fotografiada.
Los verdaderos talentos deben enfrentarse diariamente a estas
realidades ineludibles; pero deben hacerlo sin cejar en sus
objetivos y sin olvidarse de la noble misión del artista.
Es comprensible que los invada la desazón y el desaliento
ante tanta estafa organizada; pero los espíritus elevados
deben proponerse triunfar sobre los mediocres. Los auténticos
artistas no deben permitir que el sistema de cosas los anule;
siempre deben recordar el valioso aporte que realizan en un
mundo carente de espiritualidad.
La constante propaganda montada que estimula a obtener conocimientos
de valor relativo , como si fueran imprescindibles para defenderse en la vida, constituye
una fuerte presión para los humanistas de hoy. Desde
unas cuantas décadas atrás a esta parte, se instaló
en el pensamiento de la gente, la idea de que el orgullo de
la familia es tener un abogado, un arquitecto, un contador público,
o de última un médico que gane bien. Estas profesiones
tienen un gran predicamento social, sin pensar que en ellas
se practica en gran escala el fraude, el dolo, la mentira y
el crimen. Pero claro: estos profesionales no causan problemas
económicos a sus familias; lo demás, no importa.
Otros conocimientos maximizados son la computación y
el idioma ingles. Según la propaganda vigente, quien
no conoce estas cosas, o no es un licenciado en economía,
o doctor en alguna de las profesiones antedichas, no es nadie
en esta sociedad.
Contrariamente, el conocimiento y cultivo de las artes es desdeñado
con un desprecio feroz. De acuerdo a la opinión popular,
los artistas son entre otras cosas, “ unos muertos de
hambre”. Sin embargo los que tienen una verdadera vocación
para expresarse artísticamente y están concientes
de la magnitud de su talento, deben recordar que se enfrentan
a un mundo pragmático y materialista. No pueden arrojar
a la basura los talentos y necesidades expresivas, por culpa
de una sociedad vacía y carente de objetivos humanos.
En sentido artístico también aplica lo que dicen
las Escrituras: “son muchos los llamados pero poco los
escogidos”. EL TALENTO NO SE ADQUIERE, SE TIENE.
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